jueves, 24 de noviembre de 2016

66 días.

Seguimos restando, ya estamos a 66 días del examen.

Ayer fue un día difícil y duro en consulta. Me hacen reflexionar algunas cuestiones cuando estoy en contacto con pacientes que finalmente tengo que derivar a salud mental. Cuando viene gente a consulta, alguna persona que tiene problemas más puramente clínicos, a veces derivarlo a salud mental supone una sensación de alivio, puesto que ves delante tuya un caso que escapa a tus competencias, demasiado complicado, demasiado difícil como para solo abordarlo psicológicamente, necesita más, un abordaje multidisciplinar, una medicación, unos controles médicos, etc.

Esa sensación de alivio hace dudar si lo que de verdad persigo es tratar solo a ese tipo de pacientes. No voy a mentirme, sí que supone ese alivio que salud mental esté ahí, pero ¿qué pasará cuando yo sea salud mental? No soy tonta, antes de meterme en el estudio del PIR me informé sobre las rotaciones y demás, y sé que todos los pacientes no son tan graves, pero cuando tienes a uno delante y te planteas qué harías con él... La cosa cambia.

De todos modos ahí está la gracia de un programa de formación, que trabajas formándote para afrontarlo todo, o casi todo. Todas estas cuestiones no hacen más que acrecentarme las ganas de sacarlo, motivación extra. 

¿Vamos al lío?

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